Pintura de 1893 que muestra a Cristóbal Colón a su llegada al Nuevo Mundo (Prang Educational Co.)
Pintura de 1893 que muestra a Cristóbal Colón a su llegada al Nuevo Mundo (Prang Educational Co.)
17 Alabanzas
17 Alabanzas

La galleta que comíamos ya no era más pan sino un polvo lleno de gusanos que habían devorado toda su sustancia. Además, tenía un olor fétido insoportable porque estaba impregnada de orina de ratas. El agua que bebíamos era pútrida y hedionda. Por no morir de hambre, nos hemos visto obligados a comer los trozos de piel de vaca que cubrían el mástil mayor a fin de que las cuerdas no se estropeen contra la madera… Muy a menudo, estábamos reducidos a alimentarnos de aserrín; y las ratas, tan repugnantes para el hombre, se habían vuelto un alimento tan buscado, que se pagaba hasta medio ducado por cada una de ellas… Y no era todo. Nuestra más grande desgracia llegó cuando nos vimos atacados por una especie de enfermedad que nos inflaba las mandíbulas hasta que nuestros dientes quedaban escondidos….

Antonio Pigafetta. Cronista de la expedición

Los viajes de Colón

Cristóbal Colón realiza cuatro viajes entre 1492 y 1504. El primero de ellos es considerado fundamentalmente de descubrimiento y los tres restantes de exploración y conquista.

Se inicia el 2 de agosto de 1492 en el Puerto de Palos, Huelva, con una tripulación de noventa hombres. Colón iba al mando de La Santa María; Martín Alonso Pinzón de La Pinta y Vicente Yánez Pinzón de La Niña.

La expedición hizo escala en el archipiélago canario, concretamente en las islas de Gran Canaria y de La Gomera.

La arribada a Gran Canaria fue para reparar el timón de La Pinta y cambiar el aparejo de La Niña. Un mes después, el 6 de septiembre de 1492, la flota parte desde la isla La Gomera, rumbo al Oeste.

La noche del 11 al 12 de octubre fue avistada la primera isla, Guanahaní, bautizada como San Salvador. Posteriormente continuaron navegando por las islas cercanas, desembarcando el 28 de octubre en Cuba y el 6 de diciembre en La Española.

El 24 de diciembre La Santa María encalló en La Española, construyéndose con sus restos el Fuerte de Navidad, donde quedan 39 hombres.

Tras explorar la zona, el resto de la tripulación regresa a la Península Ibérica. El 15 de marzo de 1493 Colón, al mando de La Niña tras la pérdida de La Santa María, llega a Barcelona donde es recibido por los Reyes.

Diecisiete navíos y entre 1.200 y 1.500 hombres, inician  en Cádiz el 25 de septiembre de 1493 el segundo viaje. Pasan nuevamente por las islas de Gran Canaria y La Gomera antes de navegar hacia tierras americanas.

Descubren la isla de Puerto Rico y cuando llegan al Fuerte de Navidad comprueban que había sido destruido y que sus hombres habían muerto a manos de los indígenas.

Durante esta expedición, se funda La Isabela, primera ciudad castellana en América, y se explora la costa sur de Cuba y Jamaica.

El 11 de junio de 1496, con la arribada a Cádiz concluye el segundo viaje. El Almirante traía consigo las primeras dificultades: el hambre, la sed y la escasez de oro y especias.

Entre febrero y marzo de 1498 comienza el tercer viaje desde Sanlúcar de Barrameda con seis navíos y 226 tripulantes.

Colón se detiene en La Gomera para después descender hasta el archipiélago de Cabo Verde, al sur de Canarias. Ya en aguas americanas descubrieron la isla de Trinidad y recorrieron la costa de Paria y la isla Margarita.

El 20 de agosto de este año desembarcan en Santo Domingo, nueva capital de Las Indias, fundada en 1496 por Bartolomé Colón.

Una rebelión de los españoles contra la autoridad de Colón, motiva que los Reyes Católicos decidan destituirle, misión encomendada al nuevo Gobernador, Francisco de Bobadilla. En octubre de 1500 el Almirante llega a Castilla.

El cuarto y último viaje parte desde Cádiz el 11 de mayo de 1502. Colón, ahora sin todos los títulos y privilegios anteriores, dispone de cuatro navíos y 150 hombres.

Hace escala en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria y también en Maspalomas, al sur de la isla.

En este último viaje, atravesó el Caribe, llegó hasta Honduras y recorrió la costa de Panamá sin alcanzar su objetivo de llegar a lo que pensaba que era Asia. El 1 de mayo, al estarle prohibido recalar en Santo Domingo a causa de los problemas ocurridos en el viaje anterior, marchó a Jamaica, donde la rotura de sus dos últimos navíos, lo obligó a permanecer en la isla hasta el 28 de junio de 1504.

El 7 de noviembre de 1504, llega a Sanlúcar de Barrameda. Fracasado y enfermo, se dirige a la Corte castellana para reclamar de forma infructuosa sus derechos.

El 20 de mayo de 1506 Cristóbal Colón muere en Valladolid.

 

“Porque nos tuviesen mucha amistad, porque me di cuenta que eran gente que mejor se convertiría a nuestra Santa Fe Católica con amor y no por la fuerza, les di a algunos de ellos unos bonetes colorados y unas cuentas de vidrio que se ponían en el pescuezo, y otras muchas cosas de poco valor, con que se pusieron contentos [...] (los indios) después venían nadando a las barcas donde estábamos y traían papagayos e hilos de algodón que entregaban a cambio de cualquier cosa que se les diera. En fin, todo tomaban y daban de aquello que tenían de buena voluntad. Mas me pareció que era gente muy pobre de todo [...] Yo estaba atento y trataba de averiguar si traían oro.

[...] Ellos andan todos desnudos, y también las mujeres. Y todos los que yo vi eran todos jóvenes, ninguno de edad de más de treinta años: muy bien hechos, de muy hermosos cuerpos y muy buenas caras: los cabellos gruesos cuasi como sedas de cola de caballos, y cortos: los cabellos traen por encima de las cejas, salvo unos pocos detrás que traen largos, que jamás cortan. [...] Ellos son del color de los canarios, ni negros ni blancos, y se pintan de blanco, y de colorado y se pintan las caras, y todo el cuerpo, y solo los ojos, y solo la nariz.

Ellos no traen armas ni las conocen, porque les mostré espadas y las tomaban por el filo y se cortaban con ignorancia. No tienen fierro alguno. Ellos todos son de buena estatura de grandeza y buenos gestos, bien hechos.”

Cristóbal Colón, Los cuatro viajes del Almirante y su testamento, fragmento adaptado de Cronistas de Indias, Antología, Buenos Aires, Colihue, 1994.

Las increíbles concesiones de Santa Fe son: 1) otorgamiento del título de “Almirante sobre todas las Islas y tierras firmes” que “por su mano e industria se descubrieran o ganaran”; 2) otorgamiento del título de “Virrey y Gobernador General en las dichas Islas y tierras firmes”, con la facultad de poder proponer en terna a los Reyes personas destinadas al gobierno de tales tierras. De los tres, los Reyes escogerían uno; 3) retención para sí (para Colón) de la décima parte de todo el oro, plata, perlas y gemas y demás mercancías producidas o adquiridas mediante el trueque o extraídas, dentro de los confines de aquellos dominios, libre de todo impuesto; 4) enjuiciamiento y fallo por él o por uno de sus representantes, en su calidad de Almirante, de cualquier controversia o pleito surgido en torno a esas mercancías o productos; 5) facultad de contribuir con la octava parte en la armazón de navíos que fueran a tratar o negociar a las tierras descubiertas. Recibiría a cambio una octava parte de las ganancias que se obtuvieren. 

Descripción de la isla de la Española hecha por Cristóbal Colón

“La Isla Española... es la más hermosa cosa del mundo...” (11 de diciembre).

“Estaban todos los árboles verdes y llenos de fruta, y las yervas todas floridas y muy altas, los caminos muy anchos y buenos; los ayres eran como en abril en Castilla; cantava el ruyseñor...

Era la mayor dulçura del mundo. Las noches cantavan algunos paraxitos suavemente, los grillos y ranas se oían muchas...” (13 de diciembre).

“Y los árboles de allí.., eran tan viciosos, que las hojas dexavan de ser verdes, y eran prietas de verdura. Esa cosa de maravilla ver aquellos valles, y los ríos, y buenas aguas, y las .tierras para pan, para ganados de toda suerte..., para güertas y para todas las cosas del mundo qu’el hombre sepa pedir...” (16 de diciembre).

“En toda esta comarca ay montañas altíssimas que parecen llegar al cielo.., y todas son verdes, llenas de arboledas, que es una cosa de maravilla. Entremedias d’ellas ay vegas muy graciosas...” (21 de diciembre).

“En el mundo creo no ay mejor gente ni mejor tierra. Ellos aman a sus próximos como a sí mismos, y tienen una habla la más dulce del mundo, y mansa, y siempre con risa...” (25 de diciembre).

En la carta a Santángel y Sánchez, de 15 de febrero a 4 de marzo de 1493, repite, con variantes y ampliaciones, la descripción del 16 de diciembre: “La Española es maravilla; las sierras, y las montañas, y las vegas, y las campiñas, y las tierras tan fermosas y gruessas para plantar y sembrar, para criar ganados de todas suertes, para hedeficios de villas y lugares...”

 

Cristóbal Colón se dirige a los Reyes de España

"Yo entré a vuestro servicio cuando tenia la edad de veintiocho años. Hoy no poseo un cabello que no esté blanco. Mi cuerpo está gastado. Yo he consumido todo lo que me quedaba después de haber vendido mis bienes. Se le arrebató todo a mi hermano, sin que se nos oyera e interrogara, con grande deshonor para mí. Hay que creer que todo esto no ha sido hecho por orden de Vuestras Altezas. Estoy abandonado. Hasta el presente yo he llorado sobre otros. Ahora... que el cielo tenga misericordia de mi y que la tierra llore sobre mis desgracias. Desde el punto de vista material, yo no poseo una moneda para dar a la ofrenda. Desde el punto de vista espiritual, he llegado a las Indias, aislado con mis meditaciones, enfermo, esperando la muerte de un día para el otro, rodeado de un millón de salvajes crueles que nos hacen la guerra, alejado de los Santos Sacramentos, de la Santa Iglesia que olvidará mi pobre alma, si ella abandona aquí mi pobre cuerpo. Quienes tengan sentido de la caridad, de la bondad y de la justicia, lloren por mi. Yo no emprendí este viaje y esta navegación para ganar honores ni riquezas. Hace mucho tiempo que la esperanza de tales ventajas ha muerto en mí. Yo no puedo mentir. Suplico humildemente a Vuestras Altezas, si le place a Dios sacarme de aquí, que me permitan ir a Jerusalén, como a otros lugares de peregrinación." Firmada 

Cartas a Luis de Santangel 

 

(...) Yo entendía harto de otros Indios, que ya tenía tomados, como continuamente esta tierra era isla, y así seguí la costa de ella al oriente ciento y siete leguas hasta donde hacía fin. Del cual cabo vi otra isla al oriente, distante de esta diez y ocho leguas, a la cual luego puse nombre la Española y fui allí, y seguí la parte del setentrión, así como de la Juana al oriente, 188 grandes leguas por línea recta del Oriente, así como de la Juana, la cual y todas las otras son fertilísimas en demasiado grado, y ésta en extremo. En ella hay muchos puertos en la costa de la mar, sin comparación de otros que yo sepa en cristianos, y hartos ríos y buenos y grandes, que es maravilla. Las tierras de ella son altas, y en ella muy muchas sierras y montañas altísimas, sin comparación de la isla de Tenerife; todas hermosísimas, de mil fechuras, y todas andables, y llenas de árboles de mil maneras y altas, y parece que llegan al cielo; y tengo por dicho que jamás pierden la hoja, según lo puedo comprehender, que los ví tan verdes y tan hermosos como son por mayo en España, y de ellos estaban floridos, de ellos con fruto, y de ellos en otro término, según es su calidad; y cantaba el ruiseñor y otros pajaricos de mil maneras en el mes de noviembre por allí donde yo andaba. Hay palmas de seis o ocho maneras, que es admiración verlas, por la deformidad hermosa de ellas, mas así como los otros árboles y frutos e hierbas. En ella hay pinares a maravilla y hay campiñas grandísimas, y hay miel, y de muchas maneras de aves, y frutas muy diversas. En las tierras hay muchas minas de metales, y hay gente en estimable número. La Española es maravilla; las sierras y las montañas y las vegas y las campiñas, y las tierras tan hermosas y gruesas para plantar y sembrar, para criar ganados de todas suertes, para edificios de villas y lugares. Los puertos de la mar aquí no habría creencia sin vista, y de los ríos muchos y grandes, y buenas aguas, los más de los cuales traen oro. En los árboles y frutos e hierbas hay grandes diferencias de aquellas de la Juana. En ésta hay muchas especierías, y grandes minas de oro y do otros metales y hay gente instimabile numero.

 

     La Española es maravilla: las sierras y las montañas y las vegas y las campiñas y las tierras tan hermosas y gruesas para plantar y sembrar, para criar ganados de todas suertes, para edificios de villas y lugares. Los puertos del mar, aquí no habría creencia sin vista, y de los ríos muchos y grandes y buenas aguas, los más de los cuales traen oro. En los árboles y frutos y yerbas hay grandes diferencias de aquella de la Juana: en ésta hay muchas especierías y grandes minas de oro y de otros metales. La gente de esta isla y de todas las otras que he hallado y he habido noticia, andan todos desnudos, hombres y mujeres, así como sus madres los paren, aunque algunas mujeres se cobijan un solo lugar con una hoja de hierba o una cofia de algodón que para ellos hacen. Ellos no tienen hierro, ni acero, ni armas, ni son para ello, no porque no sea gente bien dispuesta y de hermosa estatura, salvo que son muy temeroso a maravilla. No tienen otras armas salvo las armas de las cañas, cuando están con la simiente, a la cual ponen al cabo un palillo agudo; y no osan usar de aquellas; que muchas veces me ha acaecido enviar a tierra dos o tres hombres a alguna villa, para haber habla, y salir a ellos de ellos sin número; y después que los veían llegar huían, a no aguardar padre a hijo; y esto no porque a ninguno se haya hecho mal, antes, a todo cabo adonde yo haya estado y podido haber fabla, les he dado de todo lo que tenía, así paño como otras cosas muchas, sin recibir por ello cosa alguna; mas son así temerosos sin remedio. Verdad es que, después que se aseguran y pierden este miedo, ellos son tanto sin engaño y tan liberales de lo que tienen, que no lo creería sino el que lo viese. Ellos de cosa que tengan, pidiéndosela, jamás dicen de no; antes, convidan la persona con ello, y muestran tanto amor que darían los corazones, y, quieren sea cosa de valor, quien sea de poco precio, luego por cualquiera cosica, de cualquiera manera que sea que se le dé, por ello se van contentos. Yo defendí que no se les diesen cosas tan civiles como pedazos de escudillas rotas, y pedazos de vidrio roto, y cabos de agujetas aunque, cuando ellos esto podían llegar, les parecía haber la mejor joya del mundo; que se acertó haber un marinero, por una agujeta, de oro peso de dos castellanos y medio; y otros, de otras cosas que muy menos valían, mucho más; ya por blancas nuevas daban por ellas todo cuanto tenían, aunque fuesen dos ni tres castellanos de oro, o una arroba o dos de algodón filado. Hasta los pedazos de los arcos rotos, de las pipas tomaban, y daban lo que tenían como bestias; así que me pareció mal, y yo lo defendí, y daba yo graciosas mil cosas buenas, que yo llevaba, porque tomen amor, y allende de esto se hagan cristianos, y se inclinen al amor y servicio de Sus Altezas y de toda la nación castellana, y procuren de ayuntar y nos dar de las cosas que tienen en abundancia, que nos son necesarias. Y no conocían ninguna seta ni idolatría salvo que todos creen que las fuerzas y el bien es en el cielo, y creían muy firme que yo con estos navíos y gente venía del cielo, y en tal catamiento (respeto) me recibían en todo cabo, después de haber perdido el miedo. Y esto no procede porque sean ignorantes, y salvo de muy sutil ingenio y hombres que navegan todas aquellas mares, que es maravilla la buena cuenta que ellos dan que de todo; salvo porque nunca vieron gente vestida ni semejantes navíos.

 

     (...) Esta (La Española) es para desear, y vista, para nunca dejar; en la cual, puesto que de todas tenga tomada posesión por Sus Altezas, y todas sean más abastadas de lo que yo sé y puedo decir, y todas las tengo por de Sus Altezas, cual de ellas pueden disponer como y tan cumplidamente como de los reinos de Castilla, en esta Española, en el lugar más convenible y mejor comarca para las minas del oro y de todo trato así de la tierra firme de aquí como de aquella de allá del Gran Can, adonde habrá gran trato y ganancia, he tomado posesión de una villa grande, a la cual puse nombre la villa de Navidad; y en ella he hecho fuerza y fortaleza, que ya a estas horas estará del todo acabada, y he dejado en ella gente que abasta para semejante hecho, con armas y artillerías y vituallas por más de un ano, y fusta, y maestro de la mar en todas artes para hacer otras, y grande amistad con el rey de aquella tierra, en tanto grado, que se preciaba de me llamar y tener por hermano, y, aunque le mudase la voluntad a ofender esta gente, él ni los suyos no saben que sean armas, y andan desnudos, como ya he dicho, y son los más temerosos que hay en el mundo; así que solamente la gente que allá queda es para destruir toda aquella tierra; y es isla sin peligros de sus personas, sabiéndose regir.

 

      En todas estas islas me parece que todos los hombres sean contentos con una mujer, y a su mayoral o rey dan hasta veinte. Las mujeres me parece que trabajan más que los hombres. Ni he podido entender si tienen bienes propios; que me pareció ver que aquello que uno tenía todos hacían parte, en especial de las cosas comederas.

 

     (...) En conclusión, a hablar de esto solamente que se ha hecho este viaje, que fue así de corrida, pueden ver Sus Altezas que yo les daré oro cuanto hubieren menester, con muy poquita ayuda que Sus Altezas me darán; ahora, especiería y algodón cuanto Sus Altezas mandarán, y almástiga cuanta mandarán cargar, y de la cual hasta hoy no se ha hallado salvo en Grecia en la isla de Xío, y el Señorío la vende como quiere, y ligunáloe cuanto mandarán cargar, y esclavos cuantos mandarán cargar, y serán de los idólatras (...). 

 

    (...) Así que, pues Nuestro Redentor dio esta victoria a nuestros ilustrísimos rey e reina y a sus reinos famosos de tan alta cosa, adonde toda la cristiandad debe tomar alegría y hacer grandes fiestas, y dar gracias solemnes a la Santa Trinidad con muchas oraciones solemnes por el tanto ensalzamiento que habrán, en tornándose tantos pueblos a nuestra santa fe, y después por los bienes temporales; que no solamente la España, mas todos los cristianos tendrán aquí refrigerio y ganancia.