Quetzalcóatl, o la Serpiente emplumada, es una de las deidades principales del Panteón de los indios de Mesoamérica.
Quetzalcóatl, o la Serpiente emplumada, es una de las deidades principales del Panteón de los indios de Mesoamérica.

Cuando el ejército español que encabezaba Hernán Cortés emprendió la guerra abierta contra el pueblo azteca, los tlatoanis (gobernantes) llamaron a la batalla de varias formas. Una de ellas fue con poesía. Los textos evolucionaron conforme los aztecas perdieron la guerra contra las enfermedades y el asedio de tribus rivales, y al final se convirtieron en iconocuicatl, composiciones tristes que narran el periodo conocido como la Conquista.

Durante cientos de años estos poemas y otros cantos filosóficos, eróticos o de guerra permanecieron virtualmente desconocidos, pero ahora la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) los recupera en una serie de tres libros llamada Cantares mexicanos. El códice de la poesía náhuatl patrimonio de la nación.

Es el resultado de una investigación de 20 años y que abre nuevas posibilidades para entender el pensamiento indígena. La mayoría de los poemas, cantos y relatos fueron transcritos en la mitad del siglo XVI. Muchos fueron reunidos por el fraile Bernardino de Sahagún, quien acompañaba a las tropas de Cortés cuando arribaron a lo que hoy es México. Sahagún rescató algunos documentos escritos, pero la mayor parte son testimonios orales recuperados por los colaboradores indígenas del fraile. Desde entonces las piezas literarias se reunieron en un códice, llamado Cantares mexicanos, y que consta de 295 hojas escritas casi todas por ambos lados.

Hace 20 años el historiador Miguel León Portilla, uno de los principales investigadores de los pueblos originarios del país, inició un seminario para estudiar el manuscrito Cantares mexicanos. Aunque no es la primera vez que se analiza el códice, sí es el esfuerzo conjunto de más largo plazo que se haya realizado. El documento fue localizado en el siglo XIX en la Biblioteca Nacional, y desde entonces en distintas épocas algunos investigadores lo estudiaron en partes, con pocos resultados.

Así, en las últimas dos décadas los participantes del seminario hicieron un análisis integral del documento, y el primer resultado es la serie de libros editados ahora por la UNAM.

Poesía Nahuatl

No acabarán mis flores



No acabarán mis flores,
no cesarán mis cantos.
Yo cantor los elevo,
se reparten, se esparcen.
Aún cuando las flores
se marchitan y amarillecen,
serán llevadas allá,
al interior de la casa
del ave de plumas de oro.


Atribuida a Nezahualcoyotl. Trd. Miguel León Portilla. De Cantares mexicanos, en Literatura del México antiguo.


Lo pregunto


Yo Nezahualcóyotl lo pregunto: 
¿Acaso deveras se vive con raíz en la tierra? 
No para siempre en la tierra: 
sólo un poco aquí. 
Aunque sea de jade se quiebra, 
aunque sea de oro se rompe, 
aunque sea plumaje de quetzal se desgarra. 
No para siempre en la tierra: 
sólo un poco aquí.



Atribuida a Nezahualcoyotl. Trd. Miguel León Portilla. De Cantares mexicanos, en Literatura del México antiguo.



DESPUES DE LA DERROTA 

Y todo esto pasó con nosotros. 
Nosotros lo vimos, 
nosotros lo admiramos. 
Con esta lamentosa y triste suerte 
nos vimos angustiados. 

En los caminos yacen dardos rotos, 
los cabellos están esparcidos. 
Destechadas están las casa, 
enrojecidos tiene sus muros. 
GUSANOS PULULAN POR CALLES Y PLAZAS, 
y en las paredes están salpicados los sesos. 
Rojas están las aguas, están como teñidas, 
y cuando las bebemos, 
es como si bebiéramos agua de salitre. 

Golpeábamos, en tanto, los muros de adobe, 
y era en nuestra herencia una red de agujeros. 
Con los escudos fue su resguardo, 
pero ni con escudos puede ser sostenida su soledad. 

Hemos comido palos de colorín, 
hemos masticado GRAMA SALITROSA, 
piedras de adobe, lagartijas. 
Ratones, tierra en polvo, gusanos. 

Comimos la carne apenas, 
sobre el fuego estaba puesta. 
Cuando estaba cocida la carne, 
de allí la arrebataban, 
en el fuego mismo, la comían. 
Se nos puso precio. 
Precio del joven, del sacerdote, 
del niño y de la doncella. 
Basta: de un pobre era el precio 
sólo dos puñados de maíz, 
sólo diez tortas de mosco; 
sólo eran nuestro precio 
veinte tortas de grama salitrosa. 

Oro, jade, mantas ricas, 
plumajes de quetzal, 
todo eso que precioso, 
en nada fue estimado [...] 

Trad. Ángel María Garibay. De Anónimo de Tlatelolco (1528), en 
Flor y canto

Poesía Quechua 

Con regocijada boca 


Con regocijada boca,
con regocijada lengua,
de día
y esta noche
llamarás.
Ayunando
cantarás con voz de calandria
y quizá
en nuestra alegría,
en nuestra dicha,
desde cualquier lugar del mundo,
el creador del hombre,
el Señor Todopoderoso,
te escuchará.
"¡Jay!", te dirá,
y tú
donde quiera que estés,
y así para la eternidad,
sin otro señor que él
vivirás, serás.